sábado, 31 de enero de 2015

Para terminar el mes:

Hoy necesito el cielo más que nunca,
no que me salve,
sí  que me acompañe.


(Claudio Rodríguez)

Ilustración: Soledad Céspedes

viernes, 30 de enero de 2015

Crónica

Hoy el cielo entraba por mi ventana. Entre las nubes, he visto un dragón dormido.

C.M.SB.

Fotograma: Le fabuleux destin d'Amélie Poulain

domingo, 25 de enero de 2015

Cuando...

Cuando todavía está oscuro, cuando observas el reloj luminoso del coche y sigues la cuenta atrás para salir a la calle y enfrentarte al frío, cuando apuras las últimas caladas de un cigarrillo y oyes en tu emisora habitual una canción que te mantiene pegada al asiento, cuando observas a la gente que camina con esa prisa cansada de las primeras horas del día -esa mujer que lleva un maletín en cada mano, ese hombre que saca a pasear a un cachorro que salta entre sus piernas, los adolescentes que se dirigen al colegio doblados bajo el peso de inmensas mochilas-, cuando te detienes en la música y la escuchas de verdad, piensas que la radio, en esos instantes, es la banda sonora de la vida, esa vida que pasa ante tus ojos y que te entretiene enormemente, tanto que te gustaría seguir ahí sentada durante un largo rato, viendo a los otros ir hacia algún lugar, quieta, desde el calor de tu coche, desde esa distancia que impone el cristal.
C.M.SB.

María Wernicke

martes, 20 de enero de 2015

Sin título

Cuando la masa de nubes se confunde con la espuma del mar, los hombres lanzan al cielo sus caracolas. Permanecen en silencio, fascinados por ese espectáculo que, incluso a ellos, acostumbrados al ritual, resulta fantástico, casi pavoroso. De fondo, las olas inventan cada día una nueva canción.
Cuando esos hombres callados desaparezcan, cuando la playa quede desierta,  la voz del mar vivirá para siempre en el corazón de las caracolas que, para entonces, habrán dejado de volar.
C.M.SB.

Christian Schloe

domingo, 18 de enero de 2015

Instantes difusos

Hace unos días, cuando esperaba a que se abriera el semáforo, me fijé en una valla que quedaba a la izquierda de la calle, una valla de color verde con diminutos desconchones, con pequeños huecos rectangulares por los que se escapan las ramas de las plantas que adornan un enorme jardín. Me quedé mirándola como si no la hubiera visto nunca, pensando en que esa valla había estado siempre ahí, desde que tengo memoria de esta ciudad tan cambiante en la que apenas quedan lugares que te permitan recordar porque todos ellos han sido transformados en un afán por destruir lo que fue. Y, de repente, tuve la impresión de viajar en el tiempo, a un momento impreciso y lejano, a un instante que intenté atrapar inútilmente porque se me escapaba como se escapan esos sueños imposibles de agarrar cuando te despiertas de un sueño profundo. Fue muy raro. Yo estaba en el carril de la derecha, dentro del presente y, al lado, en el carril de la izquierda, a unos metros escasos, circulaba el pasado, no sólo de la ciudad sino también de mi propia vida.
Fue muy raro, pero también agradable. Por eso espero que esa valla verde siga estando ahí a lo largo de los años y que su visión me haga viajar a otros instantes difusos.
C.M.SB.


jueves, 15 de enero de 2015

miércoles, 14 de enero de 2015

Respuesta

Esta mañana, cuando salía  para tomar un café, he visto sobre la mesa un libro que me ha llamado con esa voz tan familiar y reconocible, esa que oigo en cuanto cruzo las puertas de una biblioteca o una librería: la de aquellas historias que me van a gustar. Se trataba de La puerta, de Magda Zsabó. Ya tengo apuntado el título entre los muchos pendientes. Detesto dejar una llamada sin respuesta.
C.M.SB.




jueves, 8 de enero de 2015

Alivio

El otro día caminaba por una calle céntrica pensando en mis cosas. De pronto, me fijé en la gente que me rodeaba. Me di cuenta de que todos los que compartíamos acera íbamos solos y en la misma dirección. Casi al mismo ritmo. Casi marcando el paso. Tuve una sensación muy extraña, como si todo aquello formara parta de una película de autómatas. Ante mis ojos, espaldas y cogotes varios. En mis oídos, ruidos de pisadas. De repente, alguien se incorporó desde una bocacalle. Caminaba en dirección contraria. Le vi la cara. Qué alivio.
C.M.SB.




miércoles, 7 de enero de 2015

Un poco de todo

Los adornos navideños han regresado a sus cajas a esperar las próximas Navidades.
La luz parece estirarse un poco con este sol de invierno.
Los niños apuran la tarde y empiezan a soñar con el viernes.
Las hojas secas se agarran a los árboles y no se deciden a caer.
La bombilla se proyecta sobre el cristal de la ventana y parece un sol suspendido sobre las montañas.
Una gata ronronea en mi regazo. Su pelo es suave.
Mis dedos se mueven sobre el teclado.
Escribo y borro.
Y vuelvo a escribir.
C.M.SB.

Imagen: La casita de Isabel



sábado, 3 de enero de 2015

Pereza

Sólo tengo ganas de dormir o simplemente de tumbarme en el sofá, estar en silencio, mirar al techo y dejar la mente libre y el cuerpo al abrigo de la calefacción. Ningún otro plan me parece apetecible. Así que termino estas líneas para entregarme por completo a la pereza.
C.M.SB.

Ilustración: Carla Prato

viernes, 2 de enero de 2015

Palabras para hoy

El atardecer entrelaza todos los olores de la tierra.

La nieta del señor Linh
(Philippe Claudel)



Os recomiendo esta historia sobre una amistad que va más allá de idiomas o fronteras. El final guarda una sorpresa cargada de ternura. Creo que os gustará.
C.M.SB.

jueves, 1 de enero de 2015

La primera cifra del año

En mi ascensor, hay una pequeña pantalla que te da el parte meteorológico y noticias de actualidad. También te informa de algunas curiosidades. La última en aparecer es que el ser humano parpadea unas 25.000 veces a lo largo de la semana. No está mal como primera cifra del año. 
C.M.SB.

Roberto Weigand