Silba un tren en la noche
y, sobre raíles de plata,
viaja en la oscuridad.
¿Sabes tú a dónde irá?
C.M.SB.
![]() |
¿? |
![]() |
¿? |
Vuelves a casa y te despojas de los zapatos y, junto con ellos, dejas atrás los pasos que has dado a lo largo de la jornada. Te quitas los pendientes, los anillos, el cinturón, todo lo que aprieta, todo aquello que te mantiene sujeta al aspecto que te ha acompañado durante horas. El agua te refresca y tienes la sensación de que tu cuerpo pesa menos que hace unos momentos. La ropa, renovada, casera y limpia, es además ancha y liviana, no hay nada en ella que entorpezca tus movimientos. Unos pocos minutos, unas cuantas acciones pequeñas, y vuelves a ser tú, la misma que eras al comienzo del día, la misma que tomaba café en la cocina mientras observaba la calle, mientras jugaba a adivinar el futuro más inmediato. Vuelves a casa y, al caer el disfraz, te estiras y desentumeces cada uno de tus músculos. Y así, como quien no quiere la cosa, se despliegan de golpe tus alas, esas que han estado ocultas y atrofiadas y que ahora se agitan con más libertad.
C.M.SB.
![]() |
¿? |
Si existe una explicación, tú no sabes encontrarla. ¿Por qué de pronto se abren paso en tu mente unas palabras concretas? ¿Por qué esas desplazan a otras y se abren paso a codazos en tu pensamiento? ¿Por qué te piden que escribas sobre ellas, que te detengas y les dediques un rato, un espacio? Si existe un motivo, todavía no has dado con él. El caso es que esa expresión tan peyorativa como es la de vivir del cuento se sentó hace unos días en tu cerebro y, hasta este instante, sigue ahí, inamovible, con gesto exigente, con un mohín que no deja lugar a dudas. Desde hace días te reclama tu tiempo, el movimiento veloz de los dedos sobre el teclado, ocupar esta ventana, reinar en esta hora exacta de la noche. Y tú, rendida a su tozudez, has claudicado y ahora buscas las palabras adecuadas para complacerla, para conseguir que se levante y que siga su camino, para que deje libre su asiento y puedan ocuparlo otras historias, otras miradas. Y sí, tienes que darle la razón. ¿Por qué vivir del cuento se asocia a la vagancia, a vivir del engaño, a aprovecharse de los demás? ¿Por qué no se relaciona con una forma de vida dedicada a inventar aventuras, a hacer soñar, a imaginar personajes y destinos, a construir mundos que ayuden a escapar de la realidad o a comprenderla mejor? Sí, le das la razón y entiendes que ande por ahí enfurruñada. También tú te enfadarías en su lugar. Porque no concibes que haya nada más bello que vivir de contar.
C.M.SB.
![]() |
¿? |
Hay lugares que son un estado de ánimo.
Y personas a las que queremos llegar.
Hay palabras que no tienen voz.
Y silencios que cuentan secretos.
Hay demasiados caminos sin transitar.
Y finales con sabor a comienzo.
Hay espejos que nada te devuelven.
Y lagos que responden a tu mirada.
Hay días como hoy.
Y días como el que nos aguarda mañana.
C.M.SB.
Fotografía: C.M.SB. |
Sobre las ruinas del día se iba haciendo la noche. Primero era el escándalo de los pájaros del eucalipto y en los naranjos de la huerta, ladridos de perros en majadas lejanas, la pálida luz anaranjada que antes de apagarse se enardecía de pronto con un último esplendor espectral. Y según se extinguían los ruidos y las luces se iba haciendo el silencio, cada vez más y más profundo, hasta que solo quedaba el aire entre las hojas, y luego ya no se oía nada, y también la oscuridad en el campo era total. Se producía entonces un momento de tregua en el infatigable trajín de la vida, y uno contenía la respiración ante aquel portento único en que el mundo parecía volver a los instantes iniciales de su creación. Una tregua breve, porque enseguida (y yo esperaba ese momento con todos los sentidos alerta) cantaba el sapo, una sola nota todavía indecisa, como interrogando al silencio, y luego otra más larga, y aquella era la señal para que empezara el concierto nocturno, y con él de nuevo el feroz tumulto de la vida.
El balcón en invierno
(Luis Landero)
Fue en 2015 cuando una novela de Magda Szabó, La puerta, me llamó con la voz poderosa de los libros que sé que me van a gustar. En aquel año declaré que detestaba dejar una llamada sin respuesta. Y por fin, en agosto de 2021, la he dado. Ahora declaro que mi intuición no me engañaba. La novela me ha gustado de la primera a la última página. Aquí dejo una muestra de las palabras de esta escritora húngara, una bella descripción que me ha conmovido de principio a fin:
"Ella era nuestro ejemplo vivo, la protectora de todos, generosa, pródiga con su delantal almidonado con la faltriquera siempre rebosante de caramelos, con su bolsillo del que asomaban como palomas pañuelos blancos de lienzo; era la reina de la nieve, la seguridad, las primeras cerezas del verano, la primera castaña que caía madura del árbol en otoño, las dulces calabazas al horno en invierno y el brote verde primaveral en el seto del jardín. Emerenc era pura, invulnerable, siempre daba lo mejor de sí; era ella misma y todos nosotros, o más bien era como nos hubiera gustado ser a nosotros. "
Como siempre, el mes trae de la mano el final de las vacaciones y el comienzo de otra nueva etapa. También trae la dificultad de los inicios, una cierta pereza, la inevitable sensación de que los días pasados se han ido con demasiada prisa, llevándose con ellos los propósitos que no han cobrado vida, las oportunidades que no se han aprovechado, las historias que no se han escrito, las palabras que no se han llegado a pronunciar. Este septiembre, tan similar y tan distinto a cualquier otro septiembre, se ha despertado con humor de tormenta, con el gesto arisco de quien da un portazo y echa a andar refunfuñando. Por un momento, ahí te has quedado tú, desconcertada y boquiabierta, oyendo los pasos que se alejaban, tan firmes, tan hoscos. Y, mientras los oías, te has visto a ti misma quieta, con la mirada fija en esa puerta cerrada de forma tan brusca. Sin embargo, por fortuna, este mes, como todos los que han llevado su nombre, siempre se reserva una sorpresa. Y, de pronto, te has sacudido la parálisis y, al girarte, te has dado cuenta de que a tu alrededor había ventanas abiertas.
C.M.SB.
![]() |
¿? |