Tardas un segundo más de lo esperado en girar el volante a la derecha. Un segundo. Uno. Y ya está pitando el de detrás. Es un pitido largo, malhumorado, apremiante. Y tú, que ibas tan tranquila, te enfadas, te aceleras. Giras un segundo más tarde de lo debido a la derecha y pitas al otro. Le pitas mientras ves que se aleja por otro desvío. Sí, caes en su trampa y pitas malhumorada. A modo de desahogo, de reivindicación, de protesta. Pero no te sirve. Lo único que hubiera valido, que te hubiera valido a ti, habría sido responder con toda tu calma a la tiranía de los impacientes. Anotado queda para el próximo giro.
C.M.SB.
| ¿? |
No hay comentarios:
Publicar un comentario