lunes, 26 de enero de 2026

El color de la memoria

Caminas en una mañana fría y te cruzas con una chaqueta color pistacho. La lleva una mujer. No ves su cara ni ningún otro rasgo de su persona. La chaqueta absorbe tu atención por completo. Ese color te hace volar a otra chaqueta. La compraste hace muchos años en una calle céntrica de Madrid y se convirtió en una de esas prendas que se vuelven comodín cuando no sabes qué ponerte, de esas que nunca te fallan. El color te hace volar a otra época, a algunos bares, a muchas canciones, a sueños muy diferentes de los de ahora. Ese color pistacho te hace regresar por un instante a un nombre que ya está casi borrado y ese, a su vez, te hace saltar sobre otro cuyas letras están cada vez más vivas, más presentes. Esa chaqueta, ese fogonazo de tela y color, te lleva sin tú pretenderlo a aquella que tú eras entonces. Y te cuesta identificarte con ella. Claro que te cuesta. Porque está lejos, porque es muy distinta. Entonces, en ese leve desconcierto, piensas en el curioso artefacto de la memoria. Salta sin que tú aprietes ningún botón. Se activa sin tu intervención, sin tú quererlo. Tus ojos detectan un color y, zas, los recuerdos te difuminan el presente y te hacen regresar a un tiempo que parecía olvidado. Qué gran poder el de la memoria. Es tan potente, va tan a lo suyo, que nos rinde y nos tiene a su merced. 


C.M.SB.

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