Ese paraguas discute con el paisaje. A la vista está que no hay acuerdo. El uno tan alegre. El otro tan frío. De la mujer poco o nada sabemos. Solo que, para nosotros, no tiene rostro. Lo más seguro es que esté posando. Un encargo probablemente. Sobre la imagen podríamos divagar. Ante la figura hay un camino que marca curvas claras. Siempre da juego el sendero que está trazado. Siempre se puede pensar en la posibilidad de saltarse los bordes y pisar otro terreno. En este caso, el que está cubierto por la hierba. Si uno se fija bien, no se sabe si la mujer avanza o finge andar. Casi intuitivamente se podría pensar que va a dibujar con sus pies el camino evidente. Pero, ¿y si no es así? ¿Y si la viéramos pisar la hierba? ¿Y si soltase el paraguas? ¿Y si viniera un manotazo del viento y se lo arrancara? ¿Y si el paraguas se escapara? ¿Y si sus colores fueran en busca de otro cielo, más alegre y con el que estuviera en sintonía? ¿Qué ocurriría si el paraguas viajara a un paisaje con el que firmase la paz? ¿Y si apareciese un nuevo personaje en la escena? La lista de preguntas puede ser infinita. El entretenimiento está servido.
C.M.SB.
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