Cada pequeño paseo, cada pequeño recorrido, se convierte en una crónica. Mientras camina, las palabras van cobrando forma en su mente. Su mirada atenta se fija en cada detalle, en cada persona. Sus ojos se detienen en esa señora que impide que uno de sus perros olfatee a gusto, en ese anciano que camina apoyado en su andador -ese hombre que le hace sentir más joven de lo que en realidad es y que le inspira una extraña mezcla de ternura y desasosiego-, en esa chica que se mueve deprisa balanceando la bolsa del supermercado, en esa mujer que aguarda el cambio de color del semáforo y cuyo pensamiento, a juzgar por su expresión, ha volado muy lejos de ese momento y de ese lugar.
Decenas de pequeñas crónicas se van construyendo a medida que se desgastan sus zapatos, crónicas que, al llegar a casa, habrán perdido toda frescura. Será imposible recuperar la exactitud de cada sensación, el ritmo de cada escena, la fuerza -siempre efímera - del instante.
C.M.SB.
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Jeanette Woitzik |