No cuestiono. Vivo.
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MOMENTO Y LUGAR ADECUADOS
No son pocos los que creen que el sistema de coordenadas del mundo determina un punto perfecto donde el tiempo y el espacio alcanzan un acuerdo. Debe de ser por eso por lo que se marchan de casa, creen que moviéndose, aunque sea de modo caótico, aumentarán las probabilidades de dar con ese punto. Hallarse en el momento y el lugar adecuados, aprovechar la oportunidad, agarrar por el flequillo el instante, y entonces el código de la cerradura se desactivará, la combinación de cifras del premio gordo quedará al descubierto, la verdad, revelada. No pasarlo por alto, surfear sobre la casualidad, las coincidencias, los giros del destino. No se necesita nada más, basta con comparecer en esa configuración única de tiempo y espacio. Ahí se puede encontrar un gran amor, la felicidad, un décimo premiado de la lotería o la explicación de un misterio que todo el mundo lleva años buscando en vano, o la muerte. Algunas mañanas da la impresión de que tal momento está al caer, tal vez sea hoy mismo.
( Los errantes, Olga Tokarczuk)
"Ahora tengo más aprecio por lo lento y lo constante, por la omnipresente pequeña bondad, por ese amor que los elementos no derriban con facilidad, incluso por lo aburrido. Son estos relatos y estas maneras de ser lo que ahora me hace seguir adelante. Estas conversaciones con mi padre. Estas sandías siberianas. El registro de algo dulce, pequeño, casi invisible, que crece poco a poco hasta formar un círculo cada vez más perfecto, la posibilidad de un fruto que todos podríamos comer".
La novia grulla
(CJ. Hauser)
El cactus creció en tu casa. Se multiplicaron los hijuelos, pero jamás floreció. Poco antes de mudarte, se lo regalaste a una amiga. Tardó en adaptarse a su nuevo hogar. Sin embargo, el otro día recibiste una fotografía a través del móvil. En ella se veía una espléndida campanilla. El cactus por fin había encontrado su verdadero espacio, el sitio que necesitaba para florecer.
C.M.SB.
Una vez más, Paulina no llega a tiempo. Mensaje eliminado, lee. Con decepción, con la misma ansiedad que la semana anterior. Podría preguntar. A Eusebio, al hombre que elimina sistemáticamente sus mensajes. El jueves siempre. A la misma hora siempre. Podría preguntar, sí. Pero no lo hace. Quizá porque teme su respuesta. Quizá porque ella ya la conoce. Sabe que él sigue confuso, que todavía no ha decidido si la quiere lo suficiente. Paulina suspira. Habrá que seguir esperando. Hasta el próximo jueves.
C.M.SB.
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La historia está en tu cabeza. Crees, incluso, que las palabras están ordenadas según tu propia armonía. Lanzas la historia al papel. La lees. No es tan buena como creías. Se te han escapado algunos lugares comunes. Las palabras no dicen exactamente lo que querías decir. Borras, corriges, piensas, buscas sinónimos, rehaces. Tu historia, brillante, genial en tu cabeza, ha dejado de existir. Tratas de recuperarla, pero ya no está. Sobre el papel quedan sus cenizas.
C.M.SB.
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"Había llegado allí de casualidad, con la despreocupación del flâneur y el deseo de alargar el placer que me estaba dando aquella ruta inesperada. Sabía dónde estaba, pero no cómo había llegado hasta allí. Una metáfora perfecta de casi todo".
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