lunes, 10 de octubre de 2022

Cosquillas

El niño raro extendió las manos y en ellas cayó la lluvia. Mientras las gotas le empapaban, el niño veía cómo las líneas de sus palmas se teñían poco a poco del color de la hierba. Luego vinieron las cosquillas. Y es que las finas briznas estaban empezando a abrirse paso a través de su piel. Ilusionado, lanzó sus ojos al cielo para descifrar el mensaje de las nubes. Sin duda, prometían más lluvia. De modo que se sentó y abrió aún más las manos. Si tenía paciencia, quizás conocería las cosquillas de las flores en sus manos.

C.M.SB.


¿?


sábado, 1 de octubre de 2022

Palabras para hoy

A veces, en cuanto salgo de casa y doblo la primera esquina o bajo los escalones del metro, dejo atrás lo que soy, y me aturde y me excita el gran espacio en blanco en el que se convierte mi vida, sobre el que parece que van a imprimirse con más brillo y más nitidez las sensaciones, los lugares, las caras de la gente, las historias que escuche.

Sefarad

(Antonio Muñoz Molina)

En la imagen: A. Muñoz Molina


jueves, 29 de septiembre de 2022

Muda

Habla, cuenta su vida: la casa, su marido, los hijos, el perro, el jardín. Escuchas y, de vez en cuando, sueltas un monosílabo o asientes con la cabeza o simplemente la miras para confirmar que sigues ahí, atenta. Y ella continúa contando. La comida toca a su fin, ya está el café sobre la mesa. Ambas dais vueltas a la cucharilla, por primera vez en silencio. Es entonces cuando ella te pregunta cómo te va a ti. Observas sus ojos. No terminan de mirarte. Revolotean.  Aunque intuyes que tu respuesta no llegará a producirse, despegas los labios por inercia, por costumbre, por cortesía. Ese mínimo movimiento, esa primera sílaba que aún no ha llegado a esbozarse, la mera posibilidad de un cambio de rumbo, es suficiente para que ella se levante y te deje con la boca ligeramente abierta. Ves entonces que se ha sentado en el otro extremo de la mesa, al lado de otro comensal. Y de nuevo, de manera más lejana,  la oyes contar su vida: la casa, su marido, los hijos, el perro, el jardín. Sonríes para tus adentros y, muda, saboreas el café.

C.M.SB.

¿?


domingo, 25 de septiembre de 2022

Paisaje

Levantas la mirada y tus ojos ven un paisaje de nubes y pájaros. Todos, pájaros y nubes, se abandonan al viento y se dejan llevar. Y, de pronto, las palabras te piden que las permitas marchar. Quizás también ellas necesitan surcar el aire para encontrar un sitio en el que anidar.

C.M.SB.

¿?


martes, 20 de septiembre de 2022

El cierre

Paseas en la tarde. Pronto va a oscurecer. Sobre el parque se descuelgan las ventanas iluminadas de unos pocos edificios. Algunas están abiertas y por ellas se escapan voces, pequeños fragmentos de las vidas que hay más allá de los cristales. Te adentras bajo los árboles y te llega el sonido de una persiana que baja. Ese ruido te hace pensar en el interior de una casa, en esa mano que agarra la cinta y tira de ella con energía, en ese deseo de aislamiento. Quien baja la persiana decide no ver cómo la tarde se diluye en la noche, ni oler la lluvia que se acerca.  Decide también no contemplar las sombras susurrantes de los árboles, tampoco las siluetas de los que, como tú, pasean sin prisa mientras el verano se acaba. Quizás cierra la persiana como quien silencia el tictac de un reloj, como quien se encierra en su refugio para escuchar solo su propio latido.

C.M.SB.

¿?


viernes, 16 de septiembre de 2022

Adivinanzas

Intentamos adivinar las intenciones de los demás cuando ni siquiera conseguimos interpretar bien las nuestras. 

C.M.SB.

¿?


lunes, 12 de septiembre de 2022

El pasmo de cada despertar

Al terminar la jornada laboral, su ánimo se amoldaba nuevamente a la indolencia, a esa sensación placentera de ser dueño de las horas, al sabor dulce de la libertad. Tanto era así que, cada mañana, el despertador siempre le pillaba por sorpresa. Sí, con cada amanecer, con auténtico pasmo, debía recordarse a sí mismo que su verdadera naturaleza no casaba en absoluto ni con la realidad ni con el orden de los días.  

C.M.SB.

¿?