Solo ellas, solo las palabras pueden rescatarte de la rareza, la inquietud o la melancolía. Conduces hacia casa, caminas hacia el portal, atraviesas esa calle, miras esa puerta o esa pared y ahí están, invitándote a reunirte con ellas, a perderte en sus sílabas y significados, a refugiarte en todo lo que pueden llegar a expresar, en lo que pueden aligerar lo que te pesa. Ellas se alían contigo y van surgiendo de las yemas de tus dedos que teclean a buen ritmo mientras los pensamientos se van ordenando o desordenando. Así, hoy, esas palabras te llevan a dos pérdidas o a dos presencias. Una la encuentras aquí al lado, a la vuelta de este edificio. La sientes cada día, la añoras en cada paseo, en esa torre y en sus campanas. La otra está en ese rostro tan conocido, en su indiferencia, en ese viaje en el que ya no puedes acompañar. Está en esa mirada cansada y ausente, en los recuerdos borrosos e inventados, en esa conversación silenciosa. Solo las palabras pueden aliviar esa sensación confusa de pérdida y presencia de lo que fue y ya no será nunca más. Hoy solo ellas, al ser escritas, calman y curan. Solo ellas te permiten recuperar por unos instantes lo que hubieras querido tener siempre. A ellas les das las gracias por darte la posibilidad de retener por un momento lo que se ha ido para no volver. Qué alivio saber que podrás regresar a ellas para que te den más.
C.M.SB.
| ¿? |