jueves, 26 de marzo de 2026

En lugar de...

El niño raro agarró un puñado de letras y se encaminó hacia el monte. Una vez allí, abrió agujeritos en el suelo e introdujo en ellos vocales y consonantes. Luego, regó suavemente y emprendió el camino de vuelta. A cada pocos pasos, volvía la cabeza. No se sabe si para recordar el sendero o porque le daba pena dejar a sus letras solas bajo la tierra. En cualquier caso y para sí, repitió la promesa de regresar. Y así lo hizo. Cada 25 de cada mes, retornó al lugar en el que había plantado sus letras. Y en cada visita, una alegría. Un tallo aquí, una hoja allá. Y, así, con el tiempo, cada semilla se convirtió en planta. Y cada planta floreció en primavera. Pero en lugar de flores, libros. En lugar de pétalos, palabras. En lugar de fragancias, historias. Y cuando soplaba el viento, el monte entero hablaba. De aventuras y amores. De piratas y princesas. De castillos y mares. 

C.M.SB. 

¿?


domingo, 15 de marzo de 2026

Sin título

Fue el momento en que mataron al árbol, de madrugada. Manuel había escapado de sus verdugos. De noche, tras saltar la alambrada. Abandonados quedaban sus panfletos, sus libros, sus rosas, el jardín que durante años había cultivado. Los verdugos soltaron a los perros. Lo buscaron durante largas jornadas. Sin éxito. Hubieran querido atraparlo, tirarle a la cara la ceniza de su casa, de las palabras y las flores quemadas. No pudo ser. Manuel había escapado. Para aliviar el berrinche, los verdugos talaron además el olmo más alto de su jardín, el que más cerca estaba del vuelo de los pájaros.

C.M.SB.

¿?


jueves, 5 de marzo de 2026

Palabras para hoy

 Leer es un momento de soledad para habitarse de multitudes.

(Gabriel Rolón)

Ricardo López Cabrera


miércoles, 25 de febrero de 2026

jueves, 5 de febrero de 2026

Un buen plan

Sí, un buen plan para el domingo, día 8 de febrero, a las 14:00 h, en el espacio bar Pistolero (Guadalajara). ¡Lo pasaremos bien!

C.M.SB. 


 

lunes, 26 de enero de 2026

El color de la memoria

Caminas en una mañana fría y te cruzas con una chaqueta color pistacho. La lleva una mujer. No ves su cara ni ningún otro rasgo de su persona. La chaqueta absorbe tu atención por completo. Ese color te hace volar a otra chaqueta. La compraste hace muchos años en una calle céntrica de Madrid y se convirtió en una de esas prendas que se vuelven comodín cuando no sabes qué ponerte, de esas que nunca te fallan. El color te hace volar a otra época, a algunos bares, a muchas canciones, a sueños muy diferentes de los de ahora. Ese color pistacho te hace regresar por un instante a un nombre que ya está casi borrado y ese, a su vez, te hace saltar sobre otro cuyas letras están cada vez más vivas, más presentes. Esa chaqueta, ese fogonazo de tela y color, te lleva sin tú pretenderlo a aquella que tú eras entonces. Y te cuesta identificarte con ella. Claro que te cuesta. Porque está lejos, porque es muy distinta. Entonces, en ese leve desconcierto, piensas en el curioso artefacto de la memoria. Salta sin que tú aprietes ningún botón. Se activa sin tu intervención, sin tú quererlo. Tus ojos detectan un color y, zas, los recuerdos te difuminan el presente y te hacen regresar a un tiempo que parecía olvidado. Qué gran poder el de la memoria. Es tan potente, va tan a lo suyo, que nos rinde y nos tiene a su merced. 


C.M.SB.

¿?