La Tinta del Caracol
domingo, 26 de abril de 2026
viernes, 17 de abril de 2026
Sería bueno
Quiero verme en el viento, despegada del suelo, ligera. Para volar entre nubes y recorrer los cielos cambiantes. Qué placentero sería alejarme de la realidad a ratos, tomar distancia cuando algo duele, ver la vida desde lejos para poder abarcarla y así, quizás, comprenderla un poco más. Sería bueno arrancar los pies del suelo para descansar el alma y sentir el aire fresco y despejar las ideas cuando pesan bajo la frente. Qué bien dejarse llevar alguna vez por las corrientes y sobrevolar árboles, cimas y tejados. Y en esos momentos, no decidir, no escoger. Quisiera verme ahí, bien arriba, con las alas abiertas, como un ave en su elemento, sin miedos.
C.M.SB.
(Ejercicio para el Taller de Autoficción, Dávalos)
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jueves, 16 de abril de 2026
Ahí lo dejo

domingo, 5 de abril de 2026
BOSQUE

jueves, 26 de marzo de 2026
En lugar de...
El niño raro agarró un puñado de letras y se encaminó hacia el monte. Una vez allí, abrió agujeritos en el suelo e introdujo en ellos vocales y consonantes. Luego, regó suavemente y emprendió el camino de vuelta. A cada pocos pasos, volvía la cabeza. No se sabe si para recordar el sendero o porque le daba pena dejar a sus letras solas bajo la tierra. En cualquier caso y para sí, repitió la promesa de regresar. Y así lo hizo. Cada 25 de cada mes, retornó al lugar en el que había plantado sus letras. Y en cada visita, una alegría. Un tallo aquí, una hoja allá. Y, así, con el tiempo, cada semilla se convirtió en planta. Y cada planta floreció en primavera. Pero en lugar de flores, libros. En lugar de pétalos, palabras. En lugar de fragancias, historias. Y cuando soplaba el viento, el monte entero hablaba. De aventuras y amores. De piratas y princesas. De castillos y mares.
C.M.SB.
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| ¿? |
lunes, 23 de marzo de 2026
domingo, 15 de marzo de 2026
Sin título
Fue el momento en que mataron al árbol, de madrugada. Manuel había escapado de sus verdugos. De noche, tras saltar la alambrada. Abandonados quedaban sus panfletos, sus libros, sus rosas, el jardín que durante años había cultivado. Los verdugos soltaron a los perros. Lo buscaron durante largas jornadas. Sin éxito. Hubieran querido atraparlo, tirarle a la cara la ceniza de su casa, de las palabras y las flores quemadas. No pudo ser. Manuel había escapado. Para aliviar el berrinche, los verdugos talaron además el olmo más alto de su jardín, el que más cerca estaba del vuelo de los pájaros.
C.M.SB.




