| Fotografía: C.M.SB. |
La Tinta del Caracol
domingo, 23 de agosto de 2026
Ese cielo de Bruselas
miércoles, 12 de agosto de 2026
Cosas que se pas(e)an por la cabeza
Frente a esos árboles y toda esa vida que muere cada verano, se me ocurre que deberíamos reservar espacios que fueran exclusivos para plantas y animales, que solo ellos pudieran habitarlos y que nosotros tuviéramos prohibido poner un pie en ellos, que permanecieran vírgenes, libres y a salvo de nuestras obras. Que fuéramos generosos y que nos conformáramos únicamente con tener noticia de esos paraísos. Que nos contentásemos con el placer de saber de su existencia. Como si fueran sueños reales y para siempre inalcanzables.
C.M.SB.
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| ¿? |
miércoles, 5 de agosto de 2026
Ellas
Solo ellas, solo las palabras pueden rescatarte de la rareza, la inquietud o la melancolía. Conduces hacia casa, caminas hacia el portal, atraviesas esa calle, miras esa puerta o esa pared y ahí están, invitándote a reunirte con ellas, a perderte en sus sílabas y significados, a refugiarte en todo lo que pueden llegar a expresar, en lo que pueden aligerar lo que te pesa. Ellas se alían contigo y van surgiendo de las yemas de tus dedos que teclean a buen ritmo mientras los pensamientos se van ordenando o desordenando. Así, hoy, esas palabras te llevan a dos pérdidas o a dos presencias. Una la encuentras aquí al lado, a la vuelta de este edificio. La sientes cada día, la añoras en cada paseo, en esa torre y en sus campanas. La otra está en ese rostro tan conocido, en su indiferencia, en ese viaje en el que ya no puedes acompañar. Está en esa mirada cansada y ausente, en los recuerdos borrosos e inventados, en esa conversación silenciosa. Solo las palabras pueden aliviar esa sensación confusa de pérdida y presencia de lo que fue y ya no será nunca más. Hoy solo ellas, al ser escritas, calman y curan. Solo ellas te permiten recuperar por unos instantes lo que hubieras querido tener siempre. A ellas les das las gracias por darte la posibilidad de retener por un momento lo que se ha ido para no volver. Qué alivio saber que podrás regresar a ellas para que te den más.
C.M.SB.
| ¿? |
domingo, 26 de julio de 2026
miércoles, 22 de julio de 2026
Posibles explicaciones
Hay cosas que se explican y no se explican. Bien mirado, ¿de dónde vendrá la fascinación del niño por el globo? ¿De dónde viene la felicidad de pasear con él? ¿Será porque siempre está a punto de escaparse? ¿Por su fragilidad? ¿Por mantenerlo sujeto y a raya? ¿O por la posibilidad de dejarlo libre y verlo volar?
C.M.SB.
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| ¿? |
lunes, 20 de julio de 2026
Otra tacita de té
El salón conjuga objetos del pasado y del presente y las paredes están repletas de fotografías. Unas, en color. Otras, en blanco y negro o sepia. A Alicia le gusta tomar el té con calma y observar esos rostros que ya no están, pero que la acompañan. Ahí están la tía Rosita y el abuelo Alejandro. A veces tiene la sensación de que le hablan desde algún lugar lejano. La verdad es que con sus voces saborea mejor el té. También a veces acaricia la grieta de la tetera y recuerda el día en que Tito la tiró sin querer. Aún recuerda su llanto de niño torpe. Pero Alicia le consoló y le dijo que así, cada vez que recorriera el arañazo con su dedo, le recordaría tal y como era esa tarde a las cinco en punto. Aquella grieta, le dijo, sería como las fotografías de la pared: un instante congelado en el tiempo. Y Tito, contento, se secó el llanto y ella, tranquila, se preparó otra tacita de té.
C.M.SB.
| ¿? |
domingo, 19 de julio de 2026
Un verano de cenizas
Allí, en el silencio umbrío e inhabitado de los bosques, nació la historia del hombre. Allí, entre la bruma verde e indescifrable de los árboles, nacieron las religiones, la música, las leyendas, los sueños de libertad y la desesperanza. Y allí siguen, fundidos con el silencio, flotando sobre la bruma de cada tarde y esperándonos. Muchos ya no lo saben. Otros, por gracia o desgracia, recordamos todavía el eco de las voces de los árboles que aprendimos a escuchar en nuestra infancia. Pero todos los hombres, lo sepamos o no, lo queramos o no, perdemos mucho más que un pedazo de bosque cuando éste arde cualquier día de verano y en su lugar aparece un espacio calcinado y solitario, también mudo, también quieto e inhabitado, pero incapaz ya de guardar nuestros recuerdos ni de seguir alimentando la memoria de una especie que en él tiene su origen y su última morada.


