Suenan las campanillas.
Una oportunidad pasa.
C.M.SB.
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| ¿? |
Fue el momento en que mataron al árbol, de madrugada. Manuel había escapado de sus verdugos. De noche, tras saltar la alambrada. Abandonados quedaban sus panfletos, sus libros, sus rosas, el jardín que durante años había cultivado. Los verdugos soltaron a los perros. Lo buscaron durante largas jornadas. Sin éxito. Hubieran querido atraparlo, tirarle a la cara la ceniza de su casa, de las palabras y las flores quemadas. No pudo ser. Manuel había escapado. Para aliviar el berrinche, los verdugos talaron además el olmo más alto de su jardín, el que más cerca estaba del vuelo de los pájaros.
C.M.SB.
Caminas en una mañana fría y te cruzas con una chaqueta color pistacho. La lleva una mujer. No ves su cara ni ningún otro rasgo de su persona. La chaqueta absorbe tu atención por completo. Ese color te hace volar a otra chaqueta. La compraste hace muchos años en una calle céntrica de Madrid y se convirtió en una de esas prendas que se vuelven comodín cuando no sabes qué ponerte, de esas que nunca te fallan. El color te hace volar a otra época, a algunos bares, a muchas canciones, a sueños muy diferentes de los de ahora. Ese color pistacho te hace regresar por un instante a un nombre que ya está casi borrado y ese, a su vez, te hace saltar sobre otro cuyas letras están cada vez más vivas, más presentes. Esa chaqueta, ese fogonazo de tela y color, te lleva sin tú pretenderlo a aquella que tú eras entonces. Y te cuesta identificarte con ella. Claro que te cuesta. Porque está lejos, porque es muy distinta. Entonces, en ese leve desconcierto, piensas en el curioso artefacto de la memoria. Salta sin que tú aprietes ningún botón. Se activa sin tu intervención, sin tú quererlo. Tus ojos detectan un color y, zas, los recuerdos te difuminan el presente y te hacen regresar a un tiempo que parecía olvidado. Qué gran poder el de la memoria. Es tan potente, va tan a lo suyo, que nos rinde y nos tiene a su merced.
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| ¿? |
No sabes su nombre, pero conoces de memoria el olor de su perfume. No sabes cómo se llama, pero sí qué tipo de ropa le gusta. También qué prefiere como desayuno. Es educada al dar los buenos días y siempre lee las noticias en el móvil. De lunes a viernes, os sentáis a muy poca distancia la una de la otra. Oís las mismas canciones y os envuelve el mismo olor a pan recién hecho. No sabes su nombre y, sin embargo, sabes con certeza que disfruta de esos minutos tanto como tú. Lo notas en sus gestos, en lo poco que tarda en ocupar su asiento habitual, en la repetición de sus rituales. No, no sabes cómo se llama, pero casi es seguro que mañana volverás a estrenar el día con el sabor de un café y que, con el primer sorbo, estarás compartiendo espacio y rutinas con esa desconocida.
C.M.SB.
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| ¿? |