lunes, 20 de julio de 2026

Otra tacita de té

Hay una tetera sobre la mesa. La tetera es azul y el mantel, a cuadros blancos y rojos. Si te fijas bien, la tetera, de porcelana, tiene una pequeña grieta. Es minúscula y hay que acercarse mucho para verla. Lo ideal sería que no existiera ese pequeño rasguño, pero ahí está. Podría pensarse que eso la hace imperfecta, pero también podría ocurrir que eso la hiciera más real. La tetera tiene muchos años y ya podría ser reemplazada por una nueva, pero Alicia ni se lo plantea. Esa tetera perteneció a su abuela y esta la heredó de su madre. Por tanto, ha corrido mucho mundo hasta llegar a esa mesa. Y eso le gusta a Alicia. 
El salón conjuga objetos del pasado y del presente y las paredes están repletas de fotografías. Unas, en color. Otras, en blanco y negro o sepia. A Alicia le gusta tomar el té con calma y observar esos rostros que ya no están, pero que la acompañan. Ahí están la tía Rosita y el abuelo Alejandro. A veces tiene la sensación de que le hablan desde algún lugar lejano. La verdad es que con sus voces saborea mejor el té. También a veces acaricia la grieta de la tetera y recuerda el día en que Tito la tiró sin querer. Aún recuerda su llanto de niño torpe. Pero Alicia le consoló y le dijo que así, cada vez que recorriera el arañazo con su dedo, le recordaría tal y como era esa tarde a las cinco en punto. Aquella grieta, le dijo, sería como las fotografías de la pared: un instante congelado en el tiempo. Y Tito, contento, se secó el llanto y ella, tranquila, se preparó otra tacita de té.

C.M.SB.

¿?


No hay comentarios:

Publicar un comentario